• miércoles, 20 de septiembre del 2017 | 02:35hs Envíe su Noticia

Acerca de Estados y pesadas herencias

Por Sebastián Iasenza (*)

Para analizar al neoliberaismo, es necesario despersonalizar la política y por momentos abstraernos de los nombres, porque si bien este sistema no ha generado sociedades justas en ningún país del mundo, eso no quiere decir que sectores privilegiados de la sociedad no hayan obtenido grandes frutos.

Sin hablar de corrupción, suponiendo que Macri y sus ministros, ex CEOS de grandes empresas, hicieron toda su fortuna dentro del marco legal que propone la Constitución, es cierto que no lo podrían haber hecho con un Estado al que ellos llaman “pone trabas”, “proteccionista”, porque eso implicaría retenciones para la distribución de las riquezas. Para ellos cada uno tiene lo que se merece, si sos rico por algo será y si sos pobre también. Nada de analizar el origen e historia de las cosas ni cómo se llegaron a obtenerlas.

Quiero decir, al Estado neoliberal no lo administra gente con intenciones maliciosas (y nada más), ni neutrales ni objetivos. Este modelo, es una de las posibles formas que toma el Estado, no es la única. Este cambio -que pretende transformar lo que el pueblo fue conociendo sobre otro tipo de Estado presente y regulador-, está liderado por un grupo social perteneciente a una clase dominante, empresarial, cuya acumulación monetaria se hizo en base a su articulación con el Estado, a la exportación, a sacarle el mayor provecho a la plusvalía, es decir a la explotación del hombre por el hombre.

Entonces es por ello que si hay algo con lo que debemos acordar con este gobierno neoliberal, es que el kirchnerismo le dejó una “pesada herencia”. Porque imagínense ustedes, no es fácil pasar de un día para el otro de un Estado intervencionista, de bienestar o como queramos llamarlo, a un Estado neoliberal, de libre mercado. De un Estado que fomenta la industria nacional, la soberanía política y la independencia económica, a otro que prepondera las inversiones extranjeras y la importación, sin regulación, insensible a los sectores empobrecidos.

Por eso entiendo que este grupo que nos gobierna no está integrado por hombres y mujeres malos y malas, sino que han sido educados así, en instituciones –llámese familia, escuelas, universidades, iglesias- donde aprehendieron conceptos que los ubican como naturalmente ricos, patrones, empleadores, dueños de las cosas, con el derecho a reproducir un sistema donde los ricos no deben perder sus privilegios y donde el resto debe ser la mano de obra, sin más que obedecer a los que más tienen.

¿Estamos diciendo entonces que el kirchnerismo buscaba la igualdad de clases? Nada más lejos que eso. El gobierno de Néstor primero y el de Cristina después se basaron en el consumo, lo cual sin dudas enriquecería a los dueños de los medios de producción, es decir al empresariado, pero ese consumo, ese poder de compra, lo podía llevar a cabo la clase media otorgándose gustos nada despreciables, como viajar al exterior, cambiar el auto o cosas por el estilo, como también las clases bajas que lograron irse de vacaciones a la costa atlántica argentina, comprarse la motito, comerse el asadito y/o comprarse el celular nuevo.

Un Estado como el anterior, si bien no iguala a las clases y sigue siendo profundamente capitalista, está presente, genera diagnósticos y luego acciona con políticas públicas, y de esa manera otorga derechos como poder casarse entre hombres, entre mujeres, ver el deporte más popular del país gratis como antes lo hacían los más pudientes, dar una computadora a quienes no llegan a comprarla y así achicar brechas que, repito, nunca alcanzarían la igualdad de condiciones. Para que se queden tranquilos las señoras y los señores que caceroleaban en Acoyte y Rivadavia, y en la Recoleta con carteles que asimilaban a la Argentina con Cuba o Venezuela: nada más distinto el kirchnerismo del Comunismo.

Es indudable que lo que dejaron 12 años de un Estado de bienestar, que generó derechos que antes no se tenían, políticas públicas –tanto de carácter económico como sociales- en sectores marginados, se convierte ahora en una pesada herencia para un gobierno de carácter neoliberal que de acuerdo a su génesis, deja en mano de los méritos individuales la igualdad de oportunidades.

(*) Licenciado en Comunicación Social | FPyCS – UNLP

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